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Voces de Mujer

INFORME 2017



 

No se puede vivir con miedo

 

En El Salvador, las cifras de los asesinatos de mujeres en los últimos cuatro años mantienen una constante de un promedio de 400. Esta cifra se deriva de la violencia familiar y de las víctimas directas de las pandillas; al mismo tiempo, estos asesinatos pasan desapercibidos. Nadie está seguro en un país en el que las pandillas ejercen su poder, pues las estructuras no solo se matan entre sí por el control de drogas y la extorsión, sino que cualquier mujer es una potencial víctima al ser cosificada como un objeto de guerra.

 

América Latina desde la conquista no ha parado de enfrentarse a constantes situaciones de crisis, que la han llevado ciegamente a ya no tener transformaciones, sino mutaciones imparables en sus estructuras sociales. El Salvador es uno de esos países que están en una sociedad cíclica en torno a la seguridad de las mujeres.

 

Se basa en los resultados de estas mutaciones, como las desigualdades sociales a causa del crecimiento económico, de acceso a la justicia y del cuido de su población –eso por mencionar uno de los pequeños resultados– .Pues bien, existe algo que ha estado destruyendo completamente a la sociedad: la indiferencia, llevando de la mano las exclusiones, la violencia, la inseguridad, la corrupción, el maltrato e incluso hasta el destrozo  del  uso y abuso de los cuerpos de las  mujeres –Háblame consignó hace  cuatro años la trilogía de la violencia–.

 

Hoy la mirada se da en esa mutación de la mujer dentro de esos cogobiernos. Con más frecuencia la Policía Nacional Civil da cuenta de la detención de mujeres implicadas, que no solo se dedicaban al negocio del narcomenudeo, sino que ostentaban puestos de poder, exclusivos de los hombres. Expedientes de la Policía aseguran que algunas de las mujeres actúan como informantes, otras trabajan como “mulas”, y actualmente participan en los asesinatos o son utilizadas por su belleza como atractivo para los hombres, como estrategia militar para poder secuestrar; y poco a poco las parejas de los jefes están ocupando labores de liderazgo.

 

Las estadísticas procesadas por el SIAVG contemplan un aumento de asesinatos por parte de las estructuras de la pandilla contra las mujeres, con 79 muertes. En cuatro años de análisis nos permite predecir que los asesinatos estarían llegando a los niveles del conflicto armado.

 

“Llegan a tirar los cadáveres a la carretera de Oro, un tramo que se ha convertido en una zona de liberación. Lo hemos conversado con el alcalde, quien dice aquí los vienen a tirar de otros municipios, pero al final es un fenómeno que hay que atacar. Lo que más urge es poder iluminar e instalar cámaras de seguridad para hacer una prevención situacional en esta zona”, aseguró el viceministro de Prevención Social, Luis Roberto Flores Hidalgo, durante una entrevista con el equipo de investigación. Esto reafirma lo que desde el sistema se plantea como “el Triángulo de la Muerte” que comprende en la carretera de Oro, los Municipios de Ciudad Delgado y Soyapango.

 

Transgresión de la rivalidad:

El control del poder dentro de estas estructuras ha convertido a la mujer en un objeto a poseer o destruir, por lo que en el SIAVG hemos llamado a este tipo de asesinato “Transgresión de la rivalidad”, en el que se invade el cuerpo de la mujer como una invasión al territorio, el cual va más allá del homicidio.

 

Marta Alicia Sagastume López, de 30 años, muere en un cuádruple homicidio en la hacienda Potrero Grande Arriba, en San Cristóbal, Santa Ana, en una presunta pugna entre miembros de la pandilla 18, a la cual pertenecía su compañero de vida, Jesús Cristales (“Tilico Gatillero Barrio 18”). Ambos fueron asesinados junto a sus dos hijos con machete y rematados con un disparo haciendo aparentar que el asesinato fue perpetrado por la pandilla rival, lo que ejemplifica la caracterización de transgresión por rivalidad.

 

Aunque la Fiscalía ha creado las unidades especializadas aún no se definen patrones y características del feminicidio. “Los datos todavía no permiten identificar como un patrón en específico, porque en algunas ocasiones la violencia de las pandillas hacia la mujer es porque la mujer se cambió a vivir a un territorio donde era de la pandilla contraria, o porque la mujer decidió terminar esa relación para continuar otra con otra persona o porque una mujer se le vio platicando con un policía”, afirma la fiscal especializada de La libertad y La Paz, Silvia Saca.

 

Roles de la mujer dentro de la pandilla

Homegirls: mujer del barrio, que es miembro de un grupo de iguales. Es un término que la antropóloga y lingüista cultural Norma Mendoza-Denton define en su libro “Homegirls”, en el que a través de un estudio etnográfico y sociolingüístico revela la conexión del comportamiento del lenguaje y otras prácticas simbólicas entre las chicas latinas en California, y sus conexiones con procesos sociales más amplios de nacionalismo, conciencia racial/étnica e identidad de género. Explora la relación entre el lenguaje y el cuerpo: uno de los aspectos más llamativos de los tatuajes, el maquillaje y la vestimenta de los miembros de la pandilla.

 

Este término es utilizado en El Salvador dentro de la pandilla para categorizar aquellas mujeres que ya son parte de sus estructuras. Mucha historia se escribe sobre las pandillas en la región centroamericana, nadie vuelve la mirada sobre el rol de la mujer dentro de esta, siempre son los hombres los poderosos sobre los que hay que contar sus historias, son los héroes o los bandidos, y cuando se escribe sobre ellas es siempre para dramatizar su historia. En SIAVG hemos trabajado sistematizando información y nuestros equipos territoriales junto a las defensoras que a diario conviven en estas zonas nos dan suficiente argumento para decir que estamos ante una nueva etapa de participación de la mujer dentro estas estructuras.

 

Dentro de la pandilla las mujeres son clasificadas como:  Homegirls (dirigente de estructura, cobro de renta, trafico de drogas, operaciones militares, mensajeras) Jainas, Rusia, La Legal y La madre, sin embargo, a pesar de los diferentes roles quienes están ejercen continúan siendo consideradas como objetos, las cuales reproducen en una máxima expresión la violencia y las asesinan.

 

El sistema Háblame de Respeto está advirtiendo la forma de giro que está teniendo el asesinato de mujeres. A pesar de que el área especializada de la Policía Nacional Civil conoce esta mutación, sus dirigencias se limitan a hablar de reducción o de su aporte, recuperación y control territorial; el problema no es solo de reducción del índice de asesinato de mujeres, sino entender que estamos ante un fenómeno que tiene muchas variables y que una de ellas está en este nuevo rol asignado a la mujer dentro de la pandilla.

 

 

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